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Casa FOA 2026 en Palacio Molina: una antigua fábrica que vuelve a imaginar Barracas

En el sur de Buenos Aires, una arquitectura concebida para producir calzado se convierte durante un mes en escenario de diseño. La edición propone algo más que decorar ambientes: invita a pensar qué significa reutilizar un edificio industrial sin borrar las huellas que le dan identidad.



Casa FOA 2026: La joya industrial de Barracas donde Casa FOA hará su alquimia


Casa FOA regresa a Buenos Aires con una sede capaz de hacer que la arquitectura sea protagonista antes de que aparezca el primer objeto de diseño. Del 1 de octubre al 1 de noviembre de 2026, la edición número 42 ocupa Palacio Molina, en avenida Regimiento de Patricios 1053, Barracas. La exposición reúne más de 42 espacios distribuidos en 5.700 metros cuadrados y adopta “Alquimia” como concepto curatorial: transformar materia, memoria e historia en una experiencia contemporánea.

La locación no funciona como un contenedor neutral. El predio fue parte de la fábrica de Alpargatas y conserva rasgos asociados a la arquitectura fabril porteña: fachadas de ladrillo, grandes aberturas, arcos, plantas extensas y techos de altura generosa. Esos elementos plantean una pregunta pertinente para cualquier proyecto de reutilización adaptativa: ¿cómo alojar usos nuevos sin convertir el pasado en una escenografía superficial?

Durante la muestra, esa pregunta se ensaya en cocinas, livings, dormitorios, espacios de trabajo, zonas de bienestar, jardines e instalaciones artísticas. Después, el complejo está anunciado para una reconversión de usos mixtos. La relación entre la intervención temporal de Casa FOA y el destino futuro del edificio convierte a Palacio Molina en un caso útil para observar el cruce entre patrimonio, interiorismo y transformación urbana.


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De la fábrica de Alpargatas a un emblema de Barracas


La historia del lugar se vincula con el origen de una industria que dejó huella en la identidad del barrio y del país. La compañía Alpargatas nació en 1885 a partir del encuentro entre el escocés Robert Fraser y el español Juan Echegaray. Se sitúa en 1890 la inauguración de la primera fábrica en el predio de Regimiento de Patricios. La diferencia entre ambas fechas no es menor: una refiere al origen de la empresa y la otra, a la apertura de la planta fabril en Barracas.

El conjunto creció en un entorno que llegó a concentrar fábricas, talleres y actividades manufactureras. La producción de alpargatas —con suelas de yute y capelladas de lona— no solo ocupaba naves y galerías; también organizaba ritmos de trabajo y relaciones cotidianas entre el establecimiento, los empleados y el barrio. Los testimonios y documentación resaltan sobre la dimensión laboral de Alpargatas, mientras el edificio formaba parte del esplendor industrial de Barracas.

La arquitectura conserva indicios de esa función. La zona más antigua, levantada en ladrillo a fines del siglo XIX, presenta una lógica distinta de las ampliaciones posteriores, en las que predomina el hormigón. Las plantas libres, las columnas de hierro, los grandes ventanales y los techos elevados, rasgos que respondían a la necesidad de alojar maquinaria y permitir el trabajo en superficies abiertas.

Leer estos elementos como parte del proyecto, en lugar de ocultarlos tras terminaciones nuevas, es una de las posibilidades más interesantes de la sede. La textura del ladrillo, la repetición de apoyos estructurales y la altura interior no son recursos decorativos intercambiables: remiten a una forma de construir y a una organización productiva determinada. Al convertirlos en experiencia espacial, Casa FOA los hace accesibles a un público que quizá conozca Alpargatas como marca, pero no haya recorrido su historia material.


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Una fábrica que no se reduce a su fachada


El valor arquitectónico del complejo no depende solamente de su frente urbano. Existe un conjunto de pabellones y un patio central incorporado en una etapa de expansión, además de galerías interiores que alojaban máquinas y telares. Esa configuración permite entender la fábrica como un sistema: circulaciones, áreas cubiertas, estructura y espacios abiertos articulados para sostener una actividad industrial.

Décadas de abandono dejaron vidrios rotos, cubiertas dañadas, vigas deformadas y pisos afectados por la humedad. Se hicieron trabajos de recuperación de carpinterías, pisos y muros para preparar los 5.700 metros cuadrados de la muestra. La noticia importa porque pone en evidencia que rehabilitar un edificio no consiste en conservar una imagen pintoresca: requiere atender condiciones físicas, seguridad, instalaciones y accesibilidad, además de decidir qué huellas se preservan y cuáles necesitan reparación.

El desafío está en la selección. Mantener una superficie gastada puede ayudar a narrar la edad del lugar; dejar un elemento estructural en mal estado no es una decisión patrimonial, sino un problema. La restauración cuidadosa trabaja precisamente en esa frontera: hacer posible el uso actual sin homogeneizar aquello que permite leer las capas históricas.


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“Alquimia” como estrategia de diseño, no solo como lema


Casa FOA presenta la Alquimia como fuerza creadora y organiza el concepto en torno a tres ideas: la transformación de la materia, el encuentro entre patrimonio e innovación y la experiencia sensorial del espacio. La formulación es amplia, pero adquiere sentido concreto cuando se contrasta con el edificio. La materia industrial —ladrillo, hierro, hormigón, madera y grandes paños— puede dialogar con materiales actuales sin que uno anule al otro.

La organización también destaca la presencia de texturas brutas, metales, hormigón y materiales sustentables. La propuesta no debería leerse como un catálogo de acabados, sino como una invitación a observar cómo cada intervención construye una relación con el soporte existente. Un revestimiento, una luz o un mueble pueden subrayar una estructura; también pueden competir con ella. La calidad de la operación depende de que el diseño reconozca escala, luz, circulación y memoria del lugar.

La muestra reúne programas domésticos y colectivos. Una cocina o un dormitorio llevan la fábrica a una escala íntima; un espacio de encuentro o un área de coworking explora cómo el interiorismo puede organizar actividades compartidas. La diversidad es una ventaja expositiva, aunque el edificio pone una exigencia adicional: cada ambiente debería responder a las dimensiones y condiciones particulares de la nave que lo contiene, no reproducir una habitación genérica que podría montarse en cualquier sede.


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La memoria productiva transformada en vida cotidiana


Un ejemplo es “Volver a estar”, el espacio de Pacto. Sus autores toman la línea de producción de la fábrica como punto de partida y la traducen en una pieza continua para el living, que reúne asiento, guardado, barra y áreas de encuentro. La referencia no depende de imitar máquinas ni de tematizar el ambiente como museo. Propone cambiar la función de una línea organizadora: donde antes se ordenaba el trabajo, ahora se articula la vida doméstica.

Esa decisión permite leer la reutilización en varias escalas. El edificio cambia de uso, pero también puede convertir una memoria abstracta en una forma espacial reconocible. El proyecto adquiere interés cuando no utiliza la historia como un adorno verbal, sino cuando su lógica influye en el modo de habitar el interior.

La instalación de César Lago, “Todo lo que respira se mueve”, concebida como una estructura blanda que atraviesa el pulmón interno del edificio y se vincula con una antigua circulación vertical. La obra relaciona movimiento, aire y pausa con la posibilidad de reabrir un espacio que permaneció cerrado durante años. En un recorrido cargado de ambientes y estímulos, la intervención introduce otra temporalidad y llama la atención sobre el edificio como conjunto, no solo sobre cada habitación diseñada.


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La exposición y la próxima etapa del Palacio Molina


Casa FOA constituye el primer uso público anunciado dentro de la etapa actual de recuperación, pero no equivale al proyecto edilicio definitivo. El sitio de Palacio Molina presenta un desarrollo futuro con lofts, residencias, oficinas y locales, además de más de 7.000 metros cuadrados de amenities. La información promocional indica un inicio de obra previsto para enero de 2027. Forbes Argentina, por su parte, describe una propuesta de usos mixtos impulsada por GES Desarrollos, con viviendas, oficinas y un polo gastronómico, y reporta que el proyecto contempla mantener estructuras existentes.

Es importante distinguir los niveles. Casa FOA transforma temporalmente ambientes para exhibir posibilidades de diseño. La reconversión inmobiliaria posterior determinará cuáles edificios se rehabilitan, qué usos se consolidan y qué elementos originales siguen presentes en el día a día. La exposición puede visibilizar la arquitectura y acercarla al público; no reemplaza la evaluación de las obras permanentes ni permite anticipar por sí sola sus resultados.

La transición promete beneficios posibles: volver a activar un conjunto en desuso, incorporar actividad y abrir una parte del patrimonio a nuevas formas de vida urbana. A la vez, obliga a preguntar por la relación entre el desarrollo y el tejido existente. ¿Qué vínculos tendrá el complejo con las calles de Barracas? ¿Cómo se integrarán sus plantas bajas y espacios colectivos al barrio? ¿Qué memoria industrial quedará legible después de la muestra? Son preguntas críticas razonables, no objeciones a priori ni respuestas ya verificadas.

El antecedente inmediato es Molina Ciudad, el complejo situado frente al predio, cuya reconversión de edificio industrial a lofts aparece en la documentación del estudio Dujovne-Hirsch. La comparación ayuda a entender que en este sector la reutilización fabril forma parte de una transformación urbana más amplia. Sin embargo, cada inmueble requiere su propia lectura: las soluciones aplicadas a una fábrica no se trasladan automáticamente a otra, aunque compartan localización y pasado industrial.


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Análisis crítico: conservar también es decidir qué se transforma


La principal virtud de Casa FOA 2026 es la correspondencia entre el tema curatorial y el carácter de la sede. “Alquimia” no es una capa conceptual superpuesta a un edificio indiferente: la transformación material está inscrita en la trayectoria del Palacio Molina. El visitante puede comparar escalas y tiempos: la estructura industrial, las intervenciones contemporáneas y los escenarios de vida que cada equipo propone.

El riesgo está en confundir puesta en valor con embellecimiento. Un espacio fotogénico puede conservar una pared de ladrillo y aun así reducir la historia a una textura de fondo. Una intervención más sólida interpreta las condiciones del edificio, explica sus decisiones y deja que el pasado participe de la experiencia sin convertirlo en decorado nostálgico. Los casos de Pacto y César Lago, son valiosos justamente porque hacen explícito el vínculo entre proyecto y memoria, cada uno desde un lenguaje distinto.

También existe una tensión entre la exposición efímera y la transformación permanente. Durante un mes, el interiorismo muestra escenarios cuidadosamente construidos. Después, el desafío será sostener la habitabilidad, el mantenimiento y la continuidad de los rasgos patrimoniales en el desarrollo que se anuncia. La sostenibilidad de reutilizar lo existente no se demuestra solo por evitar una demolición; depende del ciclo de vida de la intervención, del desempeño de los espacios y de la capacidad de integrar usos duraderos. En este punto, las fuentes disponibles describen planes y anuncios, no resultados futuros, por lo que conviene evaluar la promesa cuando las obras avancen.

Hay además una dimensión pública. Casa FOA funciona desde 1985 como una exposición anual de arquitectura, diseño, paisajismo e industria y acompaña a la Fundación Oftalmológica Argentina Jorge Malbran. Llevar la muestra a Barracas distribuye la atención cultural hacia otro sector de la ciudad y ofrece una ocasión para recorrer un edificio de acceso normalmente restringido. El alcance de ese efecto dependerá de que el interés no se agote al cerrar la exposición y de que la nueva etapa dialogue con el barrio más allá de su imagen de marca.


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Aspectos destacados de Casa FOA 2026


• Una sede con historia productiva: el antiguo complejo de Alpargatas ofrece escala, materiales y organización espacial propios de una fábrica porteña.

• Un tema que se conecta con el edificio: la “Alquimia” organiza el cruce entre materia, memoria, innovación y experiencia sensorial.

• Más de 42 espacios en 5.700 m²: la exposición despliega ambientes residenciales, áreas de encuentro, propuestas de bienestar e instalaciones artísticas.

• Proyectos que reinterpretan, no copian: “Volver a estar” traduce la lógica de la línea fabril a un dispositivo doméstico; la obra de César Lago trabaja con la respiración, el movimiento y la circulación interior.

• Una transición urbana que aún está por concretarse: el desarrollo posterior anuncia viviendas, oficinas y comercio, pero sus resultados deberán medirse con la obra realizada y su relación con Barracas.


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Conclusión: el futuro del edificio se mide después del recorrido


Casa FOA 2026 ofrece una oportunidad para mirar Palacio Molina como algo más que la antigua sede de una marca conocida. El edificio permite entender cómo la arquitectura industrial organizaba la producción y cómo sus espacios pueden recibir actividades muy diferentes. La exposición enlaza esa memoria con el interiorismo contemporáneo y propone que diseñar también implica interpretar un soporte heredado.

El verdadero alcance de la “Alquimia” no se resolverá únicamente en los ambientes montados para la muestra. Se verá en la capacidad de la futura reconversión para hacer compatible la vida cotidiana con la conservación de las cualidades que distinguen al conjunto. Casa FOA abre esa conversación desde el diseño; la etapa permanente tendrá que demostrar cómo se traduce en una arquitectura habitable, responsable y conectada con Barracas.


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