Casa de Campo El Ombu - Oscar Gonzalez Moix: La Rótula que Todo lo Articula
En la Casa de Campo El Ombú, Oscar Gonzalez Moix demuestra que la cocina puede ser mucho más que un espacio de servicio: puede ser el eje de toda una vivienda, el elemento que separa y conecta simultáneamente dos modos de habitar.

Diseñar una casa de campo es diseñar una forma de vida. No basta con distribuir habitaciones y salones: hay que entender cómo esa familia usa el tiempo libre, cuáles son sus rituales de encuentro, qué tipo de relación tiene con el exterior, en qué momento del día prefiere estar adentro y en cuál prefiere estar afuera. Cuando los clientes llevan en sus tradiciones la cultura del asado rioplatense, la galería como espacio de estar, la cocina como corazón social de la casa y, al mismo tiempo, la calidez del modo de vivir peruano —con sus patios, su vegetación, su luz— el diseño debe encontrar la manera de honrar ambas herencias sin que ninguna cancele a la otra.
Oscar Gonzalez Moix lo resuelve con un elemento de diseño de aparente simplicidad pero de enorme inteligencia funcional: la cocina-rótula. Y a partir de esa decisión, el resto del proyecto se organiza con una lógica que es al mismo tiempo eficiente y poética.


La cocina como rótula: un elemento que separa y conecta
En la mayoría de las viviendas, la cocina está al fondo, relegada o integrada a la sala de manera convencional. En la Casa El Ombú, ocupa el vértice interno de la "L" —el punto exacto donde las dos alas se encuentran— y actúa como rótula articuladora de todo el programa.
¿Qué significa que la cocina sea una rótula? Significa que desde ella se accede y se controla tanto el área social como el área privada. Significa que genera, a ambos lados de su perímetro, patios laterales que la iluminan y ventilan de manera natural. Y significa que es el punto de máxima actividad de la casa: quien cocina ve el jardín, recibe la luz de los patios laterales, escucha el movimiento de la sala y la galería, y percibe cuándo los dormitorios están en uso.
Este tipo de posicionamiento de la cocina tiene precedentes en la arquitectura vernácula latinoamericana, donde el fogón siempre fue el centro gravitacional del hogar. Gonzalez Moix lo retoma y lo actualiza en clave contemporánea: la cocina no está en el centro de la planta por razones sentimentales sino por razones funcionales que son, a la vez, culturalmente cargadas.


La zona social: espacios cerrados y permeables en equilibrio
El ala social de la Casa El Ombú funciona bajo un principio de alternancia: espacios cerrados y espacios permeables se suceden a lo largo del ala con una distribución uniforme. Los espacios cerrados —sala y comedor— ofrecen refugio y privacidad cuando el clima es adverso o cuando la familia se reúne en torno a una mesa. Los espacios permeables —terraza y zona de parrilla— son la extensión natural del habitar hacia el exterior.
La zona de parrilla merece atención especial. En la tradición rioplatense, la parrilla no es un elemento utilitario: es el espacio de la celebración, del tiempo compartido, de las conversaciones largas. Ubicarla en el remate del ala social —en su extremo más exterior— convierte a este espacio en el punto de llegada de la circulación social y en el umbral entre la arquitectura y el jardín. Quien llega a la parrilla ha recorrido la totalidad del ala social; quien sale de ella entra directamente al paisaje.


Las galerías de madera: la transición como espacio de diseño
El ala privada —la de los dormitorios— tiene un sistema de acceso que es en sí mismo una declaración de principios de diseño. Las galerías-pasillo de madera que corren paralelas a los dormitorios no son simplemente un corredor de circulación: son un espacio de transición entre el jardín y los cuartos, una zona de temperatura intermedia, de luz filtrada, de ritmo pausado.
La galería es uno de los elementos más característicos de la arquitectura doméstica latinoamericana: presente en la casa colonial, en la arquitectura de estancia rioplatense, en los caseríos andinos. Gonzalez Moix la reinterpreta con un lenguaje contemporáneo —madera, estructura limpia, proporción alargada— sin perder su función original: ser el espacio que prepara al habitante para pasar del jardín al cuarto, del exterior al interior, del mundo al descanso.
De día, esta galería es el corredor principal del ala privada. De noche, o cuando el clima lo exige, una circulación interior paralela cumple la misma función desde el lado opuesto. Este doble sistema de circulación es un gesto de gran sensibilidad climática y de comprensión profunda del modo de vida temporal que una casa de campo genera.




La piscina como elemento de diseño: borde, no adorno
En muchas casas de campo la piscina es el objeto protagónico del jardín, el elemento en torno al cual todo lo demás se organiza. En la Casa El Ombú tiene un papel más sutil y más interesante: funciona como borde entre el jardín y los espacios interiores del ala social. Apoyada sobre el basamento que resuelve el desnivel del terreno en la fachada principal, la piscina define el límite entre lo construido y lo natural, entre el espacio controlado de la casa y el paisaje arbolado de Cieneguilla.
Este posicionamiento convierte a la piscina en un elemento de diseño con múltiples funciones simultáneas: delimita el espacio exterior inmediato de la casa, refleja la luz hacia el interior, y crea un umbral visual que separa el jardín íntimo de la familia del paisaje más amplio del entorno.




Las persianas corredizas: el exterior siempre disponible
Un detalle de diseño que atraviesa toda la casa y que define su carácter de refugio en clima cálido es el sistema de puertas y persianas corredizas en todas las fachadas. Este sistema permite acceder desde el exterior a cualquiera de los ambientes sin necesidad de recorrer la circulación interior. En una casa de uso temporal en clima seco, donde la vida transcurre principalmente al aire libre o en espacios de transición, esta permeabilidad total de la fachada es una decisión de diseño que cambia radicalmente la experiencia del habitar.
La casa no tiene un solo punto de entrada: tiene múltiples puntos de acceso y salida que la convierten en un objeto poroso, integrado al jardín que la rodea.




Conclusión y Enseñanza para Nuevos Arquitectos:
La Casa de Campo El Ombú demuestra que el diseño de una vivienda no es solo la organización de espacios sino la comprensión de una forma de vida. Antes de distribuir metros cuadrados, el arquitecto debe entender cuáles son los rituales cotidianos de los habitantes: dónde comen, cómo circulan, qué parte del día pasan afuera y qué parte adentro, cuál es el espacio de mayor carga emocional en su cultura familiar.
Para los arquitectos en formación, la enseñanza de este proyecto es esta: los mejores elementos de diseño son los que cumplen varias funciones al mismo tiempo. La cocina que es rótula, la galería que es transición, la piscina que es borde, las persianas que son fachada y acceso. Cada elemento trabaja al máximo de su potencial. Cuando el diseño logra eso, no hace falta más.




Memoria del proyecto:
El encargo permite reflexionar sobre la tipología de la casa de campo para unos clientes con tradiciones rioplatenses fusionadas durante años con las peruanas. Se reformula el partido en “L”, sin perder lo ancestral y teniendo presente lo contemporáneo.
La casa se eleva 50cm en el acceso principal y deja pasar por debajo la leve pendiente del terreno, creando una sensación dominante ante el resto del jardín y generando desniveles que enriquecen la propuesta y crean espacios interesantes a lo largo del partido.
Un ala de la “L” contiene el área social que remata en la zona de parrilla, y la otra encierra el área privada. Entre ambas está la cocina que funciona como rótula al generar patios laterales para iluminarse y ventilarse naturalmente.
En la zona social se distribuyen uniformemente espacios cerrados como la sala y el comedor, y a la vez espacios permeables como la parrilla y las terrazas. Esta fachada se unifica superiormente mediante un techo sol y sombra e inferiormente con un basamento que contiene a la piscina como borde entre el jardín y los espacios interiores.




Por otro lado, la fachada del ala privada se articula con un pasillo exterior a través de las galerías de madera a modo de transición entre jardín y dormitorios, la cual es muy utilizada en el día. Así mismo, se complementa una circulación interior más usada por las noches que conecta posteriormente los dormitorios equitativamente distribuidos y cuyo remate es el dormitorio principal en una posición privilegiada por las visuales.
El clima y el uso temporal permiten acceder desde el exterior a cualquiera de los ambientes por sus puertas y persianas corredizas, aquí el lenguaje rústico reformula el uso de materiales propios del lugar y define una fachada simple pero rica en detalles.
Por este motivo, con el pasar de los años el proyecto evoluciona a la par que el entorno va madurando, se ve un cambio en la naturaleza que reacciona ante la casa y la toma como parte del paisaje. Arquitectura y naturaleza se mezclan naturalmente con esta propuesta implantada sutilmente.
Los materiales austeros contrastan con el paisaje arbolado y definen claramente la calidez del proyecto. Crean un refugio permanente donde las visuales integran el exterior con el interior en cada uno de los espacios de la propuesta.







COMPRAR EN AMAZON
Datos del proyecto
Nombre: Casa de Campo El Ombú
Arquitecto: Oscar Gonzalez Moix / Gonzalez Moix Arquitectura
Equipo de proyecto: Beatriz Rodríguez, Nelly Roa
Constructor: Ing. Feliciano Hernández Francia
Estructuras: Ing. Antonio Blanco
Ubicación: Cieneguilla, Lima, Perú
Año de finalización: 2008
Área construida: 550 m²
Materiales principales: Madera, concreto, ladrillo, vidrio
Fotografía: Juan Solano Ojasi - Ramiro Del Carpio
Origen del nombre: En honor al Bosque de Ombúes de la Laguna de Castillos, Uruguay







Post a Comment