19/9/09

En la Feria del Mueble de Milán 2009, la firma Vitra presento un asiento multipropósito inspirado en el arte topiario, desarrollado por el joven estudio francés Erwan y Ronan Bouroullec.


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"Se necesita trabajar mucho para lograr algo simple". Erwan (1976), el menor de los hermanos Bouroullec, describe así el proceso de diseño de la nueva silla Vegetal, una de sus obsesiones durante los últimos cuatro años. El objetivo era casi paradójico. Buscaban una butaca de interior y de exterior a la vez, capaz de causar una gran impresión inmediata y, sin embargo, hábil para asegurarse una impresión duradera. Querían, en fin, una silla para todo, un comodín, el sueño de cualquier diseñador y fabricante.

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Decidieron trabajar con los árboles. Darían una vuelta de tuerca al concepto de diseño orgánico, no se trataba de recurrir a las formas de la naturaleza, sino a su lógica. Analizaron el proceso de crecimiento, la manera en que se juntan las algas o brotan las ramas.

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Los Bouroullec son jóvenes, pero están ya instalados en la historia del diseño. Su trabajo se caracteriza por tener claro lo que no quieren ser: ni firmar objetos banales ni diseñar sin aportar. Ya en 2004 lanzaron, también con Vitra, un producto llamado Alga. Era una de sus singulares ocurrencias que proponía actualizar los biombos con poco más que un juego de niños: algas de plástico que se unen hasta formar una cortina separadora.
Otra es el Alcove, un sofá-habitación de respaldo alto para aislar en su lectura o su conversación a quienes se sientan en él. Hace años que dan vueltas a ese tipo de inventos. Antes que las algas y el sofá-habitación, la mesa Joyn les ganó la confianza de Rolf Fehlbaum, dueño de Vitra. Y, de paso, revolucionó el mundo de las oficinas al proponer que el diálogo tuviera más importancia que la representación.
Se trata de una gran mesa con separadores móviles para la concentración individual o el trabajo en equipo. En ella uno puede instalar su separador para comer aislado en un rincón o quitarlos todos para celebrar reuniones.

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A unos diseñadores con esa lista de inventos Fehlbaum les hizo el encargo más difícil de todos los posibles. Les pidió una silla. ¿Iban a ser capaces de inventar también ahí?
Fehlbaum es perro viejo. La silla Vegetal ahonda en una apuesta iniciada, casi casualmente, por su productora cuando ésta asistió sorprendida al renacer de una butaca curva y de plástico que Verner Panton había firmado en 1960.
La legendaria silla Panton, que cuando nació tuvo un éxito fugaz, renacía no en terrazas y jardines para donde se ideó, sino en oficinas, comedores y bares. Sus cualidades: impermeabilidad, ligereza y marcada personalidad, la convirtieron en un producto casi invencible, durante la última década.
Consiguió competir con la manida serie 7 de Jacobsen, la silla para todo de los arquitectos. Así, en pleno éxito de la Panton, Fehlbaum decidió prepararle una sustituta.

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Confió el encargo a los hermanos franceses y éstos recurrieron a la poda de los árboles, al arte topiario que extraía figuras de cipreses y arbustos. Erwan y Ronan (1971) Bouroullec cruzaron ramas planas y las sujetaron con troncos. Los técnicos de Vitra convirtieron sus dibujos en piezas de poliamida reforzada con fibra. El resultado es la silla Vegetal: cómoda, ergonómica, impermeable, ligera, apilable y ciertamente icónica.

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